Sobre mi sexualidad llueve en horizontal, es un error considerarme incompatible con un cuerpo malgastado en el que el alma se mantiene incólume En el exterior la noche es hermosa, sin embargo, aún gotea la sangre de heridas que me ocasionó la mordedura de la serpiente
No puedo prometerte amor mientras me desangro, el amor heterosexual que apeteces de un ser cuya naturaleza es imprecisa Intentarás entenderme y aflorarán las mentiras, entretanto, puedo enseñarte algunas fotografías antiguas que no me incriminan
Quizá no sea del todo ilícito mostrar las apariencias y regresar al prólogo No confíes demasiado en poder revelar los enigmas, aún eres muy joven para encontrar respuestas a un comportamiento que la sociedad juzgaría execrable
No te escribirán un epitafio sobre la tierra hasta que vuelvas orgullosa del laberinto fatigando al caballo con paso de amazona sin ensuciar el traje virgen de los ángeles
arrojan sobre tu homosexualidad las lanzas damas fatigadas que besan el luto de la pólvora ofendiendo al granito veteado de las lápidas
No debo permanecer un día más en la fragilidad y ni siquiera recuerdo de qué huía cuando acepté implicarme en este desorden o sentarme a tomar el sol con los ancianos
una mujer me cerró la puerta de su casa sin querer escucharme y me siento capaz de recomponer en otro lugar las piezas desgastadas del rompecabezas
En la oscuridad, sobre un lecho de abenuz el deseo dormita a trasmano entre caricias imaginadas, eròtico trasiego y lascivia, mientras, el alacrán del sexo despierta evocando nocheviejas frenétivas
Entreacto, un rumor de sábanas de seda, una antología de manuscritos rompe el maldito silencio y cede el aliento cuando explotan los sentidos, esquirlas, retazos de lluvia que apaga el fuego entre psicofonías y el grito final, preludio de una vacilante duermevela
Son las cinco y la madrugada se ha perdido en la clausura de la habitación, sin conversar con nadie, sólo la ilicitud del solitario placer apacigua mi soledad, soledad que no alcancé siquiera a compartir
En el ceremonial íntimo del solitario las lágrimas se confunden con la cobardía es un proscrito por su realidad de lo distinto maquillaje que juzga la sociedad de irreverente
ya en la calle cruza la frontera misántropo en sus sentimientos de mujer y la noche le sorprende saldando su deuda con la naturaleza
allí donde nadie conoce su secreto le han visto del brazo del mendigo sufriendo por amor en la prisa de las horas mordiéndose el deseo en la esquina del coraje aprendiendo a convivir en los sueños con las brasas
hoy se siente el protagonista de su vida encerrada en el baúl de la infancia tantos años y en la acera del placer prohibido comparte con las putas la desgarrada melodía de un blues que estalla en el silencio de un destino encadenado a la ambigüedad maldita de su sexo
En mis sueños siempre habita el vacío que recorro en un vuelo ingrávido por el olor a misericordia de las noches Llego hasta el alba y no tengo a nadie que me espere hasta la luna se oculta para repudiarme en un paisaje de sombras más allá de la muerte
Cae gota a gota una lluvia que desnuda con lamentos mi alma y sobrevive el miedo a la inexistencia Se tensa el vértigo y rozo con los labios la belleza al perderse en la luz impalpable de la negación
Cuando se ganó a pulso la inmortalidad el océano le ofreció una botella vacía arrojándolo ebrio a una isla deshabitada en la que conoció la maldición bíblica
buscó caminos que giraban a la izquierda suplicando de la eternidad el indulto o al menos la resurrección moldeada en el barro que supura la muerte